Reformular los protocolos de despedida, una necesidad social

Desde la activación del Estado de Alarma por parte del Gobierno de España, en Mémora hemos sido conscientes en todo momento de las dificultades que esta nueva realidad ha supuesto para las familias que han experimentado la pérdida de un ser querido.

Hemos trabajado en coordinación con las autoridades nacionales, autonómicas y municipales, así como con el sector sanitario, residencial y de los servicios sociales, para ofrecer el mejor servicio y la mejor asistencia posible a las familias en momentos de tanta incertidumbre.

Una de las medidas impuestas más traumáticas ha sido la prohibición de velatorios y ceremonias – tanto en el ámbito público como en el ámbito privado – con la limitación de un máximo de tres familiares en las inhumaciones y en las cremaciones o la imposibilidad de ver a aquellos difuntos contagiados por COVID-19. Esta situación se ha alargado en el tiempo más de lo que esperábamos y todo parece indicar que todavía falta tiempo para volver a la normalidad.

Ante esta situación de máxima fragilidad de las familias, y frente a lo que la compañía considera un derecho fundamental de pacientes y familias hemos dado un paso al frente y hemos puesto en valor la necesidad de reactivar escenarios previos a la prohibición de la celebración de ceremonias para evitar la muerte en soledad para garantizar el acompañamiento en el proceso de final de vida como un derecho de todos, tal y como ya se ha hecho en algunos centros sociosanitarios y residenciales del estado.

“Si las administraciones consideran los funerales y las ceremonias de despedida sólo desde una perspectiva social y relacional, omiten la dimensión fundamental que es la función curativa. Ritualizar la despedida es empezar a combatir la negación y a aceptar la pérdida, es permitir la reflexión sobre la muerte de manera serena, es rendir homenaje a quien queremos y a nosotros mismos, es ayudar a prevenir un duelo traumático y patológico porque se ha realizado sin despedida, sin adiós. Dentro de unos meses, cuando la situación se vaya normalizando, nos enfrentaremos y seremos más conscientes del vacío de los que se han ido y con ello el sentimiento de perplejidad por una muerte en soledad y sin despedida, y un sentimiento de carencia, de deuda pendiente con nuestros seres más queridos” afirma Juan Jesús Domingo, Consejero Delegado de Mémora.

Apelando al sentido más ético en el contexto actual y en conocimiento de las futuras medidas contempladas por las autoridades, que tendrán en cuenta las necesidades de salud física y emocional de la ciudadanía, desde Mémora nos hemos dirigido a las autoridades para elevarles la necesidad de replantear los protocolos sobre las despedidas con familiares, aplicando las medidas de seguridad y prevención necesarias, en las próximas etapas del desconfinamiento.