En Mémora conocemos de primera mano la importancia de una correcta ritualización del duelo, así como de una buena gestión emocional tras la pérdida de un ser querido. Uno de los aspectos más duros que ha provocado la pandemia del COVID-19 ha sido la imposibilidad de estar con el familiar enfermo en el proceso de final de vida así como el hecho de no poder dar el último adiós y estar acompañados de familiares y allegados.  

Ante estas circunstancias, desde el momento en el que las autoridades anunciaron las medidas de distanciamiento social, desde Mémora se han ofrecido una serie de servicios y recomendacionespara ayudar a las familias a iniciar un proceso de duelo.

En primer lugar, se ha activado y reforzado el servicio telefónico de asistencia psicológica para que las familias dispongan de un apoyo inmediato e individualizado, al mismo tiempo que se amplían otras plataformas de asistencia psicológica y emocional al duelo. También, se han habilitado espacios virtuales para hacer el proceso, a pesar de las barreras físicas, lo más parecido a la “normalidad”: funerales vía streaming, mensajes de pésame digitales, una red social para honrar la memoria de los seres queridos, entre otros.

Pero queríamos hacer más y estar al lado de las familias, facilitando de la mayor y mejor forma posible la dificultad del momento. Por ello, a través de nuestros canales, hemos querido compartir reflexiones y recomendaciones de los miembros del Patronato de la Fundación Mémora para ayudar a afrontarlo.

Los expertos coinciden en señalar que, aunque las circunstancias no hayan permitido realizar el velatorio ni el funeral, hay que hacer una ceremonia de despedida para iniciar el proceso de duelo. En estos momentos la tecnología permite que se puedan hacer videollamadas entre familiares y amigos y generar un encuentro virtual entre los más íntimos. Es un buen momento para hacer un homenaje íntimo al difunto y compartir sentimientos, recuerdos y expresar emociones, así como pedir perdón y dar las gracias.

Finalmente, insisten en que ante la muerte no hay que caer en el silencio y tampoco debemos cerrar la puerta a la escenificación de la despedida en el futuro. Ya llegará el momento, cuando termine la situación producida por el coronavirus, para solemnizar un funeral u organizar un encuentro que nos reúna físicamente.